"La Revolución evita que provincias como Pinar del Río, Holguín, Las Tunas, Camagüey, por mencionar las que recibieron el golpe más demoledor, no sean declaradas zonas de desastre, y sus habitantes no estén inmersos en la desolación", reza un comunicado publicado en el diario oficialista Juventud Rebelde, y agrega: "Unidos bajo la dirección del Partido, desarrollaremos el intenso y efectivo, aunque sea prolongado, proceso de recuperación y restablecimiento".
Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver, y al parecer la evaluación que hacen desde el régimen castrista poco tiene que ver con lo que viven los cubanos, quienes a días del paso de los huracanes se ven preocupados y ansiosos, dado al desabastecimiento que impera a lo largo y ancho de la isla.
Según confirmó un periodista cubano, ya se comienzan a observar largas colas en las tiendas, por lo que deben esperar una o dos horas para comprar un poco de detergente o un paquete de salchichas, con la incertidumbre de si podrán o no adquirirlos. La demanda de carnes, embutidos y pastas es alta en los mercados habaneros, algunos abarrotados en los últimos días.
La situación varía de comercio en comercio, en algunos se anuncia la fecha de llegada de la mercadería, mientras en otros los comerciantes no pueden dar una repuesta a los clientes sobre cuándo estarán disponibles.Pero la problemática del desabastecimiento resulta ser secundaria para el régimen isleño, ya que la ilógica consigna es: "No importa que el ciudadano pierda todo a causa de los vientos y la lluvia, su vida fue salvada y eso es lo esencial". Pero, ¿qué viene después?

El panorama que dejaron Ike y Gustav es sin dudas desolador: al menos siete muertos, decenas de heridos, cientos de miles de viviendas dañadas, cultivos e industrias arrasados e infraestructuras y servicios públicos destruidos, esto causó pérdidas calculadas en unos 5.000 millones de dólares.
Los pronósticos no son alentadores, se estima que decenas de miles de cubanos quedarán sin hogar y que Cuba enfrentará la posibilidad real de escasez de alimentos en los próximos días.
Ante esto, países como España, México, Colombia, Honduras, Argentina y Brasil, entre otros, se solidarizaron con los cubanos y enviaron toneladas de ayuda vía aérea.
Por su parte, el gobierno de los Estados Unidos descartó la petición del exilio cubano y disidentes para flexibilizar temporalmente las restricciones del embargo a la isla, pero confirmó su disposición de enviarles 5 millones de dólares, oferta que fue rotundamente rechazada por los castristas.
La magnitud del desastre causado por los huracanes Ike y Gustav no hace más que poner en evidencia las falencias del sistema castrista.
A Fidel esta vez le toca observar desde la sombra, y será su hermano Raúl quien deba lidiar con este panorama de crisis extrema ¿Podrá?
Publicado en infoBae.com en 2008
1 comentario:
Los Castro son el mal de Cuba, es lamentable que un lugar tan rico esté tan pobre. Saludos.
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