lunes, noviembre 26

GRADUADOS PARA NADA

El virus del desempleo acecha a los jóvenes recién recibidos

“Si tienes un título universitario puedes estar seguro de una cosa... que tienes un título universitario”, dijo un pensador hace mucho años y no se confundió. Hoy, los jóvenes argentinos que están ávidos por comenzar a poner en práctica todos los conocimientos que adquirieron durante los interminables años de estudio, se encuentran con la desalentadora sorpresa de que el título universitario, en los años que corren, no es garantía de nada.

No es novedad que en la Argentina es muy desgastante conseguir empleo en cualquier rubro, pero más estresante y frustrante es para los recién recibidos, a quienes les puede significar una búsqueda interminable y de irreparables daños en su autoestima el lograr sumergirse en un empleo ligado a su carrera.

Al parecer hay un nuevo mal que está experimentando el país, y no es más ni menos que una “súper población” de graduados, es decir, obtienen su título más cantidad de profesionales que los necesarios para las respectivas ramas, las cuales no pueden absorber tantos titulados.

Esto lleva a tres caminos diferentes: una posibilidad es que el joven profesional continúe eternamente en la búsqueda de “aquél empleo deseado” y se le pase el tiempo en ese estado de exploración; la segunda alternativa, que comience a trabajar en el primer empleo que le es ofertado ya que quiere independizarse y es el único camino que encuentra para dicho propósito, logrando de esta manera que su principal objetivo sea postergado; y por último y no menos importante, que acepten cargos para los cuales se encuentran sobre capacitados, generando un estado de desilusión y frustración por falta de realización personal.

No cabe duda que el sector de los jóvenes es el más afectado por el desempleo, ya que, según algunos registros, duplicaría la tasa de desempleo de los adultos. La probabilidad para un recién recibido de encontrar una ocupación formal remunerada, apropiada a su nivel y perfil de conocimiento, es casi nula y la búsqueda de solución por parte de los diferentes gobiernos ha fallado reiteradas veces.

Según las estadísticas aportadas por el diario La Nación, algunas carreras como: Abogacía, Arquitectura, Ciencias Políticas y Ciencias Sociales, están superpobladas, lo cual complica enormemente a la hora de conseguir trabajo. En el caso de arquitectura, existen alrededor de 38 mil profesionales, se estima que en nuestro país son necesarios menos del 10 por ciento. La realidad para los farmacéuticos y los bioquímicos no tiene una suerte distinta, se estima que hay alrededor de 16 mil farmacéuticos y 10 mil bioquímicos, y la tasa de desocupación es del 17 por ciento. Un último ejemplo es el de los psicólogos, en el país hay 38 mil, de los cuales la mitad ejerce en la ciudad de Buenos Aires, sin embargo, el interés por seguir la carrera, a pesar de las dificultades de inserción laboral, no se debilitó.

Aunque el desenlace de la búsqueda por obtener el título sea el desempleo, los jóvenes estudiantes no detienen su marcha, continúan preparándose para la cada vez más compleja y difícil tarea de trabajar.

Está claro que las universidades deberían empezar a tomar cartas en el asunto, ya que lo que existe es una incomunicación entre el sector educativo y el laboral. Es decir, no hay congruencia entre los objetivos que las universidades plantean y lo que el mercado demanda, provocando así, ni más ni menos que miles de destacados estudiantes pero nulos profesionales.

Hoy en día, más y más jóvenes optan por aquella segunda opción mencionada anteriormente, ellos eligen trabajar, lamentablemente toman lo que el mercado les ofrece: venden ropa en un shopping, atienden reclamos en una oficina de comercio, sirven mesas en algún restaurante... ¿por qué? Simplemente porque cobran por el trabajo realizado.

En definitiva, hoy les toca a los jóvenes atravesar por este período oscuro y lamentable, lo grandioso sería que de esto nunca se olviden, para valorar aún más el derecho constitucional que todo ser humano tiene: el derecho a un trabajo digo, remunerado y acorde a su capacitación.
Por ALCarrega